La música que nos describe

PLmini

Todos hemos pasado por esa fase melómana adolescente en la que nos pensamos que la música que escuchamos es la mejor y la única que merece la pena. También, que somos megahipersuperespeciales de la muerte porque nadie en veinte kilómetros a la redonda (que nosotros sepamos) conoce a nuestros grupos preferidos. Creedme, lo sé. Yo fui de la generación del visual-kei. Yo también me cabreaba porque todo el mundo confundía a mis ídolos con «mujeres». Y eso me sigue cabreando hoy en día porque parece que mi Gackt, mis Gazette, mis Vidoll y toda aquella ristra de músicos japoneses se merecían un trato despectivo por no ser lo «suficientemente masculinos», pero eso es un tema para otro día.

Cuando somos jóvenes, utilizamos la música para definirnos: nuestro carácter, nuestras aficiones, nuestra forma de vestir, nuestras amistades, etc. Cuando yo era adolescente, los había que querían ser populares y estar a la última y escuchaban pop, los había que querían ser los más chungos del barrio y escuchaban rap, los había que querían ser activistas y escuchaban ska, los había que querían ser los más duros y escuchaban heavy metal, los había que querían ser alternativos y escuchaban esa cosa que nadie sabe dónde empieza y dónde acaba llamada indie… Ahora hay chopotocientos mil millones de géneros para elegir y con los que creerse uno el copito de nieve más especial de la galaxia, pero yo ya me he hecho mayor y la denominación de origen de cada canción que escucho me trae al fresco. Entre otras cosas, porque no la entiendo. Me abruma tanta terminología. Pero sigo escuchando música y mis gustos son cada vez más variados. Nunca he dejado del todo de lado a mis japoneses, pero, poco a poco, he ido ampliando mis horizontes y dejando que múltiples géneros, melodías y ritmos se cuelen en mi humilde reproductor. Ahora mismo, mi carpeta de música es tan variopinta que mi yo de quince años sufríria un jamacuco de los buenos al percatarse de la coexistencia del j-rock (cada vez más abandonado) y de música de otros países, otras lenguas y otros estilos. Y yo que me alegro.

A veces pienso que una de las razones por las cuales estaba tan apegada a las bandas niponas es que nunca he necesitado entender la letra de una canción para que me transmita algo. Ahora, me doy cuenta de que hay muchos músicos que juegan con eso para componer una melodía que comunica un mensaje y combinarla con una letra que comunica precisamente lo contrario, lo cual me parece hermoso. Si un japonés hubiera hecho eso, mi yo de diecisiete años no se habría enterado jamás en la vida, a no ser que hubiera buscado afanosamente una traducción de la letra al inglés que no diese asquito puro. El caso es que, para mí, lo importante era la fuerza de la canción, las imágenes que evocaba la melodía y, ya si eso, la letra. Me gustaban las canciones metaleras, fuertes, pero también con cierta melodía; nada de martilleo puro. Me gustaba caminar escuchando música que me hiciera sentir dura, intocable, fría e invulnerable, y solo de vez en cuando me permitía emocionarme un poco con alguna balada. Vamos, la música que me describía cuando tenía dieciséis años era la típica música «creamuros»: ruidosa, eléctrica y, a ser posible, de contenido pasota-gótico-tétrico-festivo. A partir de los diecisiete o dieciocho, empecé a abrirme a más géneros, como el folk y el rock ese que llaman «alternativo» y que nunca supe en qué se diferenciaba del rock normal. Hoy en día, a mis veintitrés (el que no me conozca habrá pensado que tengo cincuenta porque hablo como si mi adolescencia no hubiera sido hace apenas dos días, pero todo tiene su explicación), he llegado a un punto en que me da igual todo y ni me fijo en la categoría en la que se supone que caen mis nuevas canciones favoritas. Sigo escuchando muchas de las cosas que escuchaba en mis turkeyage years, que conste, pero mi actitud hacia ellas es bastante diferente. Con el paso de los años, he sido más consciente del rollo «creamuros» que traía en el instituto. Siempre me ha gustado la música clásica y las bandas sonoras, pero no quería definirme según esos gustos. Yo quería ser dura e intocable, así que era rockera y metalera. Luego escuchaba la banda sonora del Final Fantasy IX una y otra vez, incluso en sus versiones para piano, pero eso «no era yo». O no siempre.

Para mí, la música era una parte importantísima de la terapia que me había autoimpuesto para la ansiedad y la depresión. Yo era la música que escuchaba. Sin embargo, últimamente he ido aceptando que la que más escucho no es necesariamente la que mejor me define. Cuando pienso y me pregunto: «si me cortasen el alma por la mitad, ¿qué se vería?», creo que habría bosques, ríos, montañas, nieblas, castillos, animales salvajes y criaturas fantásticas. ¿Qué música sonaría, entonces, para acompañar a esas imágenes? La respuesta es todo lo contrario a lo que pensaba que sonaría durante mis años de adolescencia. Yo creo que, por dentro, sueno música clásica, música tradicional, bandas sonoras de películas y videojuegos, e, inevitablemente, también algún que otro tema más durillo para poder desahogarme. Como ya he dicho antes, sigo escuchando lo mismo que antes y muchas cosas más. No siempre recurro a lo que «me describe»; exploro, investigo, experimento y me adapto. Dame metal, rock, indie, folk, swing, clásica, ambient, pop, e incluso fado, sevillanas, flamenco, música tradicional de una tribu del Congo profundo. Da igual. Siempre hay una canción de cualquier estilo que me puede gustar. Y siempre lo ha habido, pero yo no me lo permitía.

La música sigue siendo parte de mi terapia autoimpuesta para la ansiedad y la depresión, pero ya no se limita a un género. Escucho distintos estilos según mi estado de ánimo o lo que esté haciendo, pero, ahora, la música que me define es la que me da paz. Simplemente. No la que me hace sentir invulnerable frente a las adversidades de la vida, sino aquella que está en consonancia con mi propia naturaleza. Esta puede cambiar a lo largo de mi vida, y puede que lo que me describa ahora no lo haga dentro de veinte años. Puede que las letras con las que me siento identificada ahora no sean las mismas dentro de cinco. De hecho, sinceramente, espero que no lo sean. Hoy en día, me siento igual de condicionada por mis trastornos que hace diez años, y ello se ve reflejado en las letras en las que yo me veo reflejada, pero espero que algún día deje de hacerlo. Hasta entonces, las palabras que describen a los monstruos de los demás calmarán a los míos, aunque sean totalmente diferentes. Lo que no creo que cambie nunca es mi «esencia». Esa que parece recién sacada de los montes neblinosos de los Cárpatos, la que viene acompañada de música clásica, bandas sonadas e instrumentos tradicionales.

Por eso hablo como una cincuentona. Porque soy joven y me quedan muchos años por delante, pero siento que mi alma es antigua. A lo mejor la reencarnación existe y he tenido múltiples vidas pasadas, no sé, pero hay ciertos tipos de música que evocan épocas pasadas y paisajes naturales en los que no he estado nunca que hacen que me sienta como en casa. Y, hoy por hoy, esa es la música que me describe.

En los últimos días, he estado buscando algunas canciones que puedan ilustrar mis palabras para crear una lista de reproducción. No son todas, ni mucho menos. Aquí hay una selección de veinticuatro (y ya dudo que haya alguien que la escuche entera), pero ahí queda, por si alguien siente curiosidad por saber «cómo suena mi alma».

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4 comentarios en “La música que nos describe

  1. ¡Hola! Ya estoy por aquí. Esta mañana cuando he leído tu entrada no he podido sentirme más identificada… por ello te doy las gracias, para mi es muy positivo ver que otros se abren, me es más fácil expresar mis emociones de forma coherente y no un cúmulo de dolor que pago contra la persona que menos se lo merece, es decir, yo misma.

    Como ya he dicho en alguna ocasión, carezco de oído musical. Tal habilidad no la he heredado de ninguno de mis parientes cercanos ya que ninguno han tenido aprecio tal por este arte (y pensándolo bien en ninguno, pero bueno). Obviamente tengo mis canciones favoritas, aquellas que me han aliviado y que han llevado mi imaginación hasta el limite de la ficción, haciendo durante escasos segundos que todo lo que anhelaba y soñaba día tras día fuera real. Pero solo era un sueño, y rápidamente te ves abocado a un retorno inminente de esta insalubre realidad.

    Me ayuda mucho que otros se abran. Para mi es dificultoso poder hacerlo sin ser grosera o sin decir incoherencia tras incoherencia que la gente juzga como un ataque directo a su persona y no como un escape momentáneo de un dolor que lacera hasta partir mis huesos. En mi caso más que depresión, es un cóctel de ansiedad y paranoia. Soy una persona paranoica, no necesito que ningún señor con bigote nietzscheniano me lo diga para saber qué le pasa a mi cerebro. He tenido síntomas desde que soy pequeña, fingiendo una realidad que no era, y dirás “eso es normal cuando eres pequeño” pero yo lo he hecho hasta bien entrados los dieciséis. Mentía casi inconscientemente, convencida de mi engaño yo y mis círculos, hasta que se daban cuenta claro. Eso, entre otras cosas como retraimiento social llegando casi a la fobia. Hay algunos días en los que tengo que ocultarme en una parte de la casa porque no puedo ver a nadie que no sean mis fantasmas y solo bajo para comer, todo muy normal vaya. Y más cosas que te harían replantearte si de verdad quieres seguir teniendo esta seudoamistad conmigo… xD.

    Yo también pensaba que si me abrieran habría lo mismo que hay en ti pero si me partieran por la mitad saldrían tentáculos, niebla, hojas y flores secas (no de color anaranjado sino marrón, rosa pálido…) y allí en el fondo de ese caos, una diminuta llave de plata. Y creo que eso se refleja en todo mi “arte” o por lo menos es así en mis dibujos…

    La playlist me ha encantado, hay un poco de todo (Omg, la banda sonora de AC es preciosa… nunca me había parado a escucharla la verdad xD y Ezio’s Family by Jesper Kyd me ha enamorado completamente.

    Besitos.

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    • ¡Gracias por el tocho, como siempre! 😀
      Pues no sé si te aliviará saber que no eres la única que ha vivido en sus mundos de yupi hasta bien pequeña hasta edades que van más allá de lo socialmente aceptado. Yo también lo hacía :D. De pequeña no sabía qué me pasaba, solo que no me sentía a gusto en el mundo donde vivía, así que me lo inventaba. Y pasaba ratos felices y ratos tristes en él, como si fuera real, pero la madurez y la conciencia global hicieron acto de presencia en mi vida y se acabó, aunque sigo viviendo más tiempo en la fantasía que en la realidad xDDDDDD. Ahora aprovecho esas paranoias para crear historias que algún día escribiré (o no). Hay que buscarle el lado bueno a las cosas, supongo.
      Y pasando a cosas alegres, la banda sonora del AC es diosil, especialmente la del II y la del IV :D. Aún tengo que jugar a los de la nueva generación, pero en general me encantan <3. Te recomiendo también la banda sonora de Child of LIght y la del Eternal Sonata. Me dan la vida <3.
      ¡Te leo pronto en tu próxima entrada! 😀

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  2. Bueno. Aquí estoy. Por fin (?) La verdad es que este tipo de entradas siempre me han gustado mucho, me encanta saber qué escucha la gente porque así descubro grupos nuevos y además me puedo hacer una idea más o menos ajustada de su personalidad. Habrá quien piense que los gustos musicales no están influidos por, ni influyen en la manera de ser de cada uno, pero es mentira. Hay a quien le gusta lo comercial, hay quien prefiere lo alternativo, hay quien es más de escuchar bandas sonoras o incluso están los que cogen de todo un poco (como yo), pero lo importante es no encerrarse en un solo género ni sentir desprecio hacia ciertas corrientes musicales solo porque las identificamos con ciertas formas de vestir o pensar. Cuando yo empecé a escuchar música en plan hobbie, solo conocía grupos como Linkin Park, Sum 41, Simple Plan o Evanescence y nunca he ido de gótico por la vida ni me ha gustado ponerme el pin de “yo soy más fan que tú” vistiendo camisetas de esas bandas. Tampoco hay que creerse supermegahiperespecial solo porque te guste un grupo que no tiene muchos seguidores, como si no hubiera tropecientos mil otros grupos más o menos conocidos que se le parecen. Es más, creo que lo “indie” tiene más que ver con la financiación y la capacidad de hacer llegar tu música a más gente que con el tipo de sonido de un grupo o cantante. Aparte, todos conocemos artistas que han ido evolucionando y cambiando su sonido a lo largo de su carrera y ya no sabes ni qué etiqueta ponerles.

    Dicho esto, y aunque nunca me han diagnosticado depresión, ansiedad ni nada por el estilo, he de decir que yo también considero la música como una terapia. El estar constantemente indagando en busca de nuevas canciones, discos, compositores y bandas sonoras (películas, series, animes, videojuegos, lo-que-sea) me ha permitido poder recurrir a la música en todo tipo de momentos, sabiendo acompañar cada etapa de mi vida con temas que me animaran si fuera necesario, que me dieran ganas de bailar, de gritar o hasta de regodearme en mis miserias XDD Que también es bonito (?) A veces (???) Por otro lado, música que jamás pensé que pudiera transmitirme lo más mínimo se ha ido abriendo paso entre mis géneros favoritos, y grupos que no paraba de escuchar hace cinco o seis años han caído en el más absoluto de los olvidos y ya no significan nada para mí. No creo que por ello haya perdido mi esencia, como tú la llamas. Y a lo mejor, a medida que sigas experimentando con todos esos géneros nuevos que mencionas, descubres de aquí un tiempo que esa música capaz de transportarte a épocas pasadas ha perdido su efecto evocador y ya no es lo que más te interesa. ¿Veremos a la Yaiza de dentro de cinco años dándolo todo con una mixtape reggaetonera? ¿Estará sentada en la primera fila en un concierto de Julio Iglesias? Quién sabe. Pero ir construyendo ese camino es una experiencia enriquecedora. No sé si escuchas las canciones que voy subiendo de vez en cuando a Twitter, pero si quieres probar artistas y/o sonidos nuevos, yo te puedo recomendar chorrocientos mil nombres, como por ejemplo Grimes, Haerts, The Cure, CHVRCHES, Tame Impala, Sleigh Bells, Jamie xx, Purity Ring, New Order, Blondie, Arcade Fire, Girls, Blood Orange, Chromatics, Crystal Castles, Haim, La Roux, Metronomy, The National, Twin Shadow, Cloud Nothings, TR/ST, M83, Beach House… y son solo algunos de mis favoritos. Otro de mis descubrimientos más recientes es una banda de Barcelona que se llama The Suicide Of Western Culture. Son ♥♥♥ Y bueno, poco más.

    Ah…

    Y QUEREMOS VÍDEOS TUYOS HABLANDO DE CHUNGUECES.

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  3. Pingback: He ido a un concierto (y no he muerto) | Vinquette

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